
El azar es la metàfora perfecta de quien le busca inspiraciòn a la tristeza. El destino es la cuartada sigilosa de quien lo pretende todo y nunca acierta. Mientras el destino asoma su perfil, el presente se debate con la muerte. Como quien se juega el todo por el todo, como una moneda puesta al viento. Jugando siempre, apostando siempre, a cara o cruz. Ante la incrucijada revisas las cosas que pudieron pasar, y que se suspendieron por verlas girando en el viento a cara o cruz, te jugaste los besos, los sueños, el llanto y la cordura mortal, de ignorar el futuro y escoger al amor de tu vida. A cara o cruz, mientras en la ventana se escurre el tiempo.
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