sábado, 31 de octubre de 2009


“Los deseos ilimitados son insaciables por definición, y no sin razón se considera a la insaciabilidad como un signo de morbidez. Porque nada los limita, siempre sobrepasan, y de modo infinito, los medios de los que disponen, nada, entonces, puede calmarlos. Una sed inextinguible es un suplicio perpetuamente renovado. Se ha dicho, es cierto, que es propio de la actividad humana desplegarse sin límite asignable y proponerse fines que no puede alcanzar. Pero es imposible percibir como tal estado de indeterminación se concilia con las condiciones de la vida mental, más que con las exigencias de la vida física.”



“Desde el momento en que nada los limita, no sabemos limitarnos a nosotros mismos. Más allá de los placeres que se han experimentado, se imaginan y se desean otros, si sucede que se ha recorrido casi todo el círculo de lo posible, se sueña con lo imposible, se tiene sed de lo que no existe. ¿Cómo no se exasperaría la sensibilidad en esa búsqueda que no tiene fin?”

No hay comentarios:

Publicar un comentario