
Ya nada es lo que era, nuevos paisajes, nuevas fronteras, delimitando mis gestos, mis costumbres. Me tendré que acostumbrar a esta fría soledad como un viejo con días contados a su enfermedad. Y nombrarte o esperarte en un café, y padecer otro principio, y volver a los sitios en que me has abandonado, y ser asesinada allí donde te amé. Ya nada es lo que era, recorreré las aceras buscando una luz que me recuerde a ti. ¿Quién hará cicatriz mis heridas? ¿Quién descubrirá mis mentiras? ¿Quién facilitará mi huida?
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